Testimonios

Ser voluntaria en DIME es una experiencia que ha dejado una huella importante en mi vida siendo consciente de que es lo realmente importante y al mismo tiempo poder ver la belleza de lo simple.

Acompañar a la persona que está haciendo su maleta para emprender el viaje final , es un gran regalo.  Los momentos son intensos, reales y observas con gran lucidez  lo que somos en esencia.

El conectar con ellos, mirándonos cara a cara y reconociéndonos, permite vivir momentos de entrega, compasión, honestidad, agradecimiento, amor y humildad.

Lo que me llevó hasta aquí fue la necesidad de sentirme útil y acompañar o ayudar a las personas en ese momento de soledad o fragilidad. Lo que no sabía es que ellos también me ayudaban a mí.  No voy a decir que el principio fuera fácil pero os contaré un secreto….. Cuanto más entiendes la muerte y la miras, más amas la vida.

El acompañar a las personas en su proceso final de vida creo que es un acto de amor hacia uno mismo y hacia los demás, es un agradecimiento a la vida.

Yolanda Muñiz

Voluntario, Dime

De entrada debo confesar con vergüenza, que no quería ser voluntario, fue la bendita vehemencia de mi amigo, Enric Benito que en aquel tiempo, organizaba la Unidad de Cuidados Paliativos, que afortunadamente, insistió en que me hiciera voluntario. No me atraía en absoluto ser voluntario y menos ser voluntario de Paliativos, yo le decía, Enric que soy amigo tuyo, no me quieras meter en esto.

Al final y gracias a la insistencia de Enric fuí voluntario, pero en mi interior me dije, vale, seré voluntario, pero voy a ir unas cuantas veces y me saldré con alguna excusa, que ya se me ocurrirá. La vergonzosa realidad para mi, es que después de 15 años, estoy “rezando”, para que no me echen.

Y porque este cambio radical, pues es que cuando empeze, tenia sesenta y tantos años y a esta edad, algunos, pocos, creemos que ya lo sabemos todo y que lo hemos vivido todo, pero, evidentemente no es así ni de lejos, la realidad puede ser que aunque hayamos vivido muchas cosas, sean vivencias con las que aprendas demasiadas cosas materiales, pero que te falten, todavía muchas otras cosas realmente importantes por aprender. Y para mi sorpresa, este era mi caso.

Ahora me doy cuenta de que, de las personas que son jóvenes, que tienen salud, que tienen mucha vida por delante, aprendes muchas menos cosas, que de las personas que tiene una edad avanzada que están enfermas, que están solas etc, etc, de estas que viven con sufrimiento, de ellas y de sus sufrimientos, de sus miedos de sus errores etc, etc, precisamente de estas es de las que se puede aprender mucho.

Personalmente, estoy convencido que durante estos años he aprendido mucho, pero mucho, mucho, y como digo cada vez que me dan las gracias, por una visita, les digo que, que no me den las gracias, porque siempre, siempre me llevo de la Unidad, mucho mucho más de lo que he dejado considero que el beneficiado, soy yo.

Por esta razón, es por lo que pienso y esto evidentemente es una utopía, que todas las personas deberían pasar unos meses como voluntarios, con lo que se conseguiría quitar muchas “telarañas mentales”. Ah y les diría a los que piensan que no serían capaces de hacerlo, que si yo soy capaz de hacerlo, todo el mundo es capaz de hacerlo.

Martin Rotger

Voluntario, Dime

Me incorporé como voluntario en DIME en 2016.

Desde hace más de 30 años vengo haciendo diferentes voluntariados en muy diversos ámbitos: personas privadas de libertad, mujeres maltratadas, jóvenes en riesgo de exclusión social…

En mi actividad como voluntario de DIME he comprendido la esencia y el sentido profundo de la palabra “acompañar”.

Cuando trabajas con jóvenes en las cárceles quieres favorecer su reinserción social. Cuando lo haces con mujeres maltratadas, su seguridad, su autonomía y su independencia, cuando lo haces con jóvenes, quieres contribuir a que tengan un futuro mejor…

Sin embargo cuando te acercas a una cama del hospital en una unidad de cuidados paliativos solo quieres estar. Estar disponible. Solo eso. Si surge la palabra, hablas. Si aparece el silencio, callas. Si te proponen un juego, juegas. Si te piden que leas, lees y si solo quieren mirar por la ventana, miras con ellos por la ventana…

No sé si mi voluntariado a lo largo de todos estos años habrá servido para algo, quiero pensar que sí, ahora bien, de lo que no tengo ninguna duda es de que a mí me ha sido muy útil. No me gustaría parecer exagerado pero esa disponibilidad sin objeto, esa presencia vacía de toda pretensión, ese deseo desnudo y limpio de estar me ha transformado y ha hecho de mí alguien mejor de lo que era.

Chema Solera

Voluntario, Dime

En la unidad siempre comentamos… “cuando están los voluntarios se nota muchísimo, porque hay menos timbres”. Nos referimos a que los pacientes demandan mucho menos rescates analgésicos, pues, al sentirse acompañados y distraídos, perciben menos su dolor.

La visión, misión y valores de DIME son el acompañamiento tanto a las personas que están a final de vida como a sus familiares. Sin embargo, os puedo asegurar que todos y cada uno de los voluntarios de DIME son mucho más que esto. Su generosidad en forma de tiempo, su actitud en forma de disponibilidad y delicadeza, su humildad en forma de escucha, y esa alegría y simpatía que tanto les caracteriza, sólo puede venir de una motivación más intrínseca que extrínseca, mantenida, sin duda, por la satisfacción y plenitud que genera el “ayudar a otra persona que lo necesita”. 

Han sido y son pioneros en hablar públicamente del gran tabú de nuestra sociedad: la muerte. Colaborar con ellos nos prepara para afrontar mejor la muerte, pero también la vida.

Cata Rosselló Forteza

Médica Paliativista, Hospital General

El Voluntariado en las Unidades de Cuidados Paliativos es un pilar fundamental en la atención sanitaria centrada en la persona, proporcionando una asistencia única e insustituible.  Cuando los voluntarioos acuden a nuestra Unidad, siento que nuestro círculo se cierra en torno al paciente para ofrecerles la mejor atención posible, en el momento más delicado de sus vidas.

Enrique Álvarez Porta

Médico de Familia, Hospital Joan March

La musicoterapia es una terapia complementaria que utiliza la música como medio para conseguir unos objetivos terapéuticos, enfocados a ayudar a la persona a estar mejor, a nivel físico, psicológico, emocional, social y espiritual. Como terapia que se aplica según las necesidades de cada paciente, debe ser implementada por un/a musicoterapeuta con la formación adecuada.

Como musicoterapeuta en Cuidados Paliativos, utilizo todos los elementos de la música para ayudar a mejorar la calidad de vida de la persona que se encuentra en cuidados paliativos y también de sus familiares o cuidadores.

Actualmente realizamos sesiones individuales, en las habitaciones de los pacientes pero también pueden realizarse grupales. Mediante diferentes técnicas activas y receptivas (cantar, escuchar, tocar instrumentos, componer…) trabajo con las necesidades de cada paciente. A veces trabajamos para ayudar a gestionar el dolor, otras para reducir la angustia, la ansiedad o el miedo, otras para mejorar su comunicación o expresión de emociones, otras facilitando su despedida, para que tenga un final de vida en paz. Aunque la mayoría de las veces se trabajan la dimensión física, psicológica, emocional, social y espiritual conjuntamente.

Cuando es posible, la participación de los familiares en las sesiones facilita el vínculo y la comunicación entre ambas partes así como también sirve de apoyo a esos familiares y les ayuda a preparar y gestionar el duelo.

Teresa Miquel Sellés

Músicoterapeuta en Cuidados Paliativos